Mario Pansera “No necesitamos que crezca el PIB para prosperar”

El Consejo Europeo de Investigación ha concedido una de sus becas Starting Grant de 1,5 millones de euros al investigador Mario Pansera (Nápoles, 1980), que se establecerá en el campus de Pontevedra para llevar a cabo su proyecto Prospera, basado en la economía sostenible.

“El Consejo Europeo de Investigación apuesta por las ideas más locas, las que tienen riesgo, que también intentan romper con el paradigma dominante”, señala el investigador. “Lo que buscan es abrir nuevos camino”.

Ingeniero de Telecomunicación (Universidad de Nápoles), máster en Economía y Gestión de la Innovación (U. Politécnica de Madrid) y doctor en Administración por la Universidad de Exeter, Pansera está especializado en la transición ecológica y sostenible y en la crítica al concepto tradicional de desarrollo económico. Cuenta con una larga trayectoria investigadora en Bristol y Barcelona.

Estas becas van dirigidas al investigador y no a la Universidad. ¿Por qué ha escogido el campus de Pontevedra para su proyecto?

Yo tengo una conexión familiar con Galicia. Llevo años trabajando en Inglaterra y pensando en volver a España o Italia. Decidimos volver al pueblo de mi mujer, Allariz, volver al rural, para que los niños puedan tener la calidad de vida que ofrece una ciudad pequeña. Yo tenía buenos contactos con A Coruña, Santiago y Vigo. Decidí apostar por el campus de Pontevedra porque como ciudad tiene un recorrido de compromiso con el medio ambiente, con la economía alternativa que va muy bien con las ideas del proyecto. Puse como condición tener un lugar en el campus porque creo que es un entorno que me puede ayudar mucho con el proyecto, y además, a nivel local hay mucha sensibilidad en ese sentido.

¿Cuál es esa idea loca que estudiará en los próximos cinco años?

La idea loca en realidad tiene mucho de idea racional. Nosotros como sociedad estamos volcados en perseguir el crecimiento económico, del PIB, o sea que cuanto más tengamos, mejor. Ese pensamiento incluso está escrito en los tratados de la UE. Mi idea es que nosotros no solamente no necesitamos el crecimiento económico para prosperar, sino que es dañino para el medio ambiente, que ya lo sabemos desde la década de los setenta, y también para las personas. Perseguir un crecimiento infinito supone que estamos atrapados en una lucha para trabajar más, dedicar menos tiempo a estar con nuestras familias, a nuestros mayores, a nuestros hijos y a nosotros mismos. Esa es la filosofía base del proyecto.

¿En qué va a consistir el proyecto?

El esfuerzo académico es, aparte del conceptual, buscar cuáles son las formas de organización para llevarlo a cabo. Entendiendo por esto las empresas convencionales y las no convencionales, como las cooperativas, empresas autogestionadas o también organizaciones que no tienen el objetivo de generar un beneficio, como los organismos públicos. Cómo pueden esas organizaciones prosperar sin tener esa obsesión de expandir su actividad, todo ese afán para crecer. Vivimos en un mundo en el que la innovación se ve como algo nuevo que destruye lo viejo, lo que el economista Joseph Schumpeter llamaba “creación destructora”, todo lo que había antes se vuelve obsoleto, hay que tirarlo para comprar cosas nuevas. Para mí la innovación se basa en la ética del cuidado: cuidar las cosas que ya tenemos, cuidar de las personas. Es otra perspectiva del bienestar no basado en el consumo obsesivo sino en la ética del cuidado.

Decidí apostar por Pontevedra porque como ciudad tiene un recorrido de compromiso con el medio ambiente

¿Ya ha configurado su grupo de investigación?

Están abiertas las convocatorias. Vamos a contratar un gerente una gestora para el proyecto y buscamos cuatro chicos y chicas para hacer doctorado y dos perfiles de postdoc, con una trayectoria de investigación. Cuento con tener el equipo operativo entre junio y septiembre y que pueda trabajar con la sociedad civil gallega, con los concellos.

¿De qué manera?

He tenido una charla muy interesante con el alcalde de Pontevedra. A nivel urbano se está trabajando mucho en modelos alternativos para la vida postpandémica. Trabajo mucho con el concepto de circularidad, de sostenibilidad, el modelo de economía rosquilla de la economista de Oxford Kate Raworth. Se va a llevar a cabo en Barcelona, que es otra institución a la que sigo afiliado, y sería muy interesante que Pontevedra, que es una ciudad con el sello de ciudad abierta a esos modelos nuevos de movilidad, pueda experimentar esas nuevas formas.

¿En qué consiste ese modelo?

El modelo de economía rosquilla o donut se basa en dos círculos concéntricos, el primero trata de que todas las personas que viven en el entorno urbano tengan acceso a los servicios básicos que nos proporcionan a una vida digna: Trabajo, educación pública… Y el segundo círculo nos permite quedarnos dentro de los límites de la naturaleza, no rebasarlos. Lo que impone la economía de crecimiento es ir más allá de estos límites. En junio o julio vamos a llegar a consumir los recursos de cada año que se pueden regenerar, a partir de ahí ya se lo estamos robando a la Tierra. Cuando la prensa pone que el consumo ha bajado no necesariamente es negativo, depende mucho de quién está consumiendo y qué cosas. Hay que tener muy claro que si tenemos que cambiar no todo el mundo va a estar contento porque hay que entrar en el discurso que hay gente que tiene más de lo que debería tener.

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